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Recursos para transformar la SOBREPROTECCIÓN INFANTIL

1. LIVE EN FACEBOOK

¿Cómo perjudica la sobreprotección en la adquisión de la autonomía y autestima infantil?

¿ Cómo saber si estamos sobreprotegiendo?

¿ Porqué sobreprotegemos?

Respuestas a éstas y a muchas otras preguntas encontraréis en el live!

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LIVE de la SOBREPROTECCIÓN desde Acompanyament Familiar junto con Elisenda Pascual.

2. PROGRAMA DE CAT RÀDIO: L’OFICI D’EDUCAR

“ El programa d’avui: PARES I MARES HIPERPROTECTORS. El mantra dels pares del segle XX és “que el nen no pateixi” però els estem fent febles  i poc resilients”.

“Hi ha criatures  que porten un control a casa que no els correspon” Víctor Amat. “Molts pares infantilitzen als fills com si fossin bebes i als 9 diuen que son pre adolescents” Agnès Brossa. I amb les opinions sobre el tema de la Nuria Mora, la Marta Butjosa, la Lara Terradas, la Marta Darnes i Cantem en família 👏😍 ▶

L’OFICI D’EDUCAR: “La sobreprotecció afavoreix el petit tirà”

 

3. ARTÍCULO. “LA SOBREPROTECCIÓN ROBA LA FUERZA: NIÑXS DESPROTEGIDXS”

Lo encontrarás en otra entrada de este mismo blog.

 

 

 

Grups de CREIXEMENT FAMILIAR

És un grup de suport a les persones que acompanyem a infants, des del qual adquirir eines noves i reapropiar-se de les que ja disposem, així com revisar els recursos que fem servir en el dia a dia amb els infants.

L’objectiu és aconseguir gaudir de relacions més satisfactòries amb els fills i les filles, tot aprenent a desenvolupar més confiança en les pròpies capacitats i reconeixent les dificultats que apareixen en la criança i traspassant-les.

És un espai on compartir les pròpies vivències entorn la criança, no és un curs amb temari. Es treballa a partir de l’emergent del grup, amb un enfoc gestàltic i corporal, des del prisma de l’educació humanista.

També s’aporta un marc teòric sobre les fases evolutives infantils i com acompanyar les necessitats genuïnes en cada etapa, informació básica per promocionar un desenvolupament sà en el creixement dels infants.

Per exemple, una mama arriba al grup preocupada perquè la seva filla de 5 anys ha començat a dir-li mentides. La mare es molesta i li diu: “en aquesta casa no diem mentides!”. La mare se sent culpable perquè creu que alguna cosa fa “malament” si la filla la menteix. La mare es veu alleugerida quan sap que el mentir és un fer pròpi de l’edat de la filla, doncs forma part del descobrir que la realitat es pot manipular amb les paraules, i la nena experimenta així el poder del llenguatge. A partir d’ara la mare tindrà una nova resposta davant d’aquest comportament.

En resum: Treballem a través del compartir experiències quotidianes, contrastant què és propi de cada fase evolutiva infantil, com ho podem acompanyar de la forma més saludable possible i amb quines potencialitats i impediments personals i socials comptem per fer-ho.
Fem dinàmiques per incorporar allò après, tot afluixant tensions per afavorir una ma/paternitat més lliure, espontànea i feliç.

 

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Tal y cómo hablo a mis hijxs, así se hablarán a si mismxs de adultxs

¿Cómo se puede domar la dirección del movimiento del tallo de una flor en busca de la luz? ¿Cómo se puede parar o empujar la fuerza del cauce de un río?

Hago esto como ser humano: domesticar lo natural. Domestico a mis crías humanas. Así consigo convertirlas en futurxs adultxs que auto-impondrán mentalmente a su parte instintiva y emocional como tienen que ser y sobretodo, como tienen que mostrarse a lxs demás. La domesticación viene de afuera en la infancia. Esa programación queda imprimida en el organismo, y de adultx habiéndome tragado ese discurso, me ocupo de seguir auto-domesticándome, creando una enfermiza cárcel interior que hospeda al peor  de lxs enemigx: yo mismx. Esa parte que me amordaza la reconozco como propia, pues me identifico con ella, pero está lejos de mi Ser, es una cristalización del polvo que se ha acumulado alrededor del cuerpo y del alma en los años primerizos, que han formado mi carácter y mi coraza: mi máscara con la que salir al mundo, hecha del material que la cultura  introyecta endovenosamente, mediante la familia y otros sistemas adiestradores. 

Lo que yo soy realmente es la flor que crece o el río que corre, y lo que no soy es la fuerza esforzada que tira del tallo o empuja el río; aunque, hace tanto tiempo que hago esas cosas que creo que soy yo esx.  A pesar de creerme identificadx con ese modo de hacer, detrás del ruido mental, en el silencio que todo lo acoje, hay un recuerdo que se refleja en un espejo antiguo y lleno de polvo:  mi ser auténtico está libre de condicionamientos.

Al hacer un proceso de re-encuentro hacia dentro descubro que estoy fragmentadx. Descubro que hay una parte que es lo que es, sin juicios ni domesticaciones posibles, y otra parte que contiene (o reprime) a ese impulso. Soy la que llora y la que no quiere que la vean llorar, la que grita por dentro y calla por fuera, o la que grita por fuera a modo viquingo y por dentro se culpa indefectiblemente, o la que manipula y a la vez se siente mala persona, o la que controla y a la vez se riñe por hacerlo, o la que se enfada porqué lo que debería ser no es, y un larguísimo etcétera que confronta Lo Que Es con lo que compulsiva y deformadamente nos empeñamos en que sea.

Esta confrontación genera un juego que pone en guerra a diferentes aspectos internos.  Este juego es muy sutil, casi mudo y está tan integrado en nuestro funcionamiento que ni se oye la voz que dicta “cómo debería ser yo o las cosas”. Es necesario prestar atención, recuperar el silencio y ponerse en modo observadorx, como unx espectadorx de los propios actos, pensamientos y emociones. Esa calidad de mirar sin intervenir nos acerca a ver con más claridad quiénes somos originalmente y cómo nos manipulamos para ser otra cosa, aporta la vivencia de sentirme unidx al corazón más allá de la mente que pulsa por dominar.

Esa relación dentro de mi mismx se da entre dos aspectos que conviven en mi cerebro. 

En la parte más primitiva del mismo (instinto y emoción), desde donde vivo las experiencias infantiles,  han tejido mi desarrollo y conformado las bases de mi carácter de adultx. Ese “animalito interior que es el niño pequeño que continua siendo en la psique más arcaica es un ser instintivo”, como dice Claudio Naranjo. 

La otra parte es el cerebro más desarrollado que goza de propiedades cognitivas y por ello tiene la capacidad de analizar, de poner palabras a la experiencia instintiva y emocional. Cuando las afirmaciones que describen la experiencia emocional e instintiva son en corte crítico, amenazante, enjuiciador, censurador, humillante, exigente, controlador, castigador, auto indulgente, etc. mi autoestima está en el sótano de la casa emocional en la que habito. Vale la pena preguntarme entonces: ¿De quién son esas afirmaciones? Si miro debajo de la piel encontraré la respuesta: pertenecen a personas muy significativas para mi, diciéndome ese tipo de cosas en mi pasado, de forma implícita o explícita, cuando era niñx. 

Esa forma de dirigirme a mi mismx integrada en mi adultez determina qué vibración emito, y por ello, qué experiencias atraigo a mi vida. Según la ley de la atracción aquéllo que pasa fuera tiene que ver con lo que pasa dentro, pues las mismas frecuencias vibratorias se encuentran porqué, por ley, se atraen. 

Desde esa atracción y acción el discurso con mis hijxs será muy parecido a mi diálogo interno, el que tengo con tu propio “animalito instintivo”. Si no tolero la frustración o no puedo sostener equivocarme, será difícil que, por mucha teoria de crianza respetuosa que sepa, pueda acompañar y dar la bienvenida a un buen “berrinche” liberador del dolor que produce una experiencia frustrante. La frustración no es más que una reacción emocional puente que vehicula lo que me gustaría que fuera (principio de placer) con lo que es (principio de realidad) y lxs niñxs necesitan mil y una veces traspasar ese puente para ir ajustando sus percepciones interiores a las realidades exteriores, acompañadxs con Amor. Si de adultx no soporto esa reacción, internamente, hay algo de mi que no otorga todo el permiso a ese infante para sentir su emoción hasta el fondo. Desde la mente y desde la voz estoy diciendo “sí hijx, llora”, pero desde el cuerpo y su funcionamiento bioenergético estoy diciendo “¡para de una vez!”, apretando las mandíbulas, tensando las cervicales, sinitiendo presión en los glóbulos oculares, el ano cerrado, las tripas en un puño y todo un seguido de estrategias corporales para cerrar mi capacidad respiratoria, que es la que me posibilita sentir lo que está pasando. Toda mi coraza se pone el servicio de la insensibilización de mi sentir para darle un permiso contrariado al niñx para que se exprese. El mensaje que éste está recibiendo es confuso, pues mamá o papá dice “sí” con la voz pero “no” con el cuerpo. 

En conclusión, cuando la escucha encuentra el alma, q vive en el corazón, es porque el silencio de adentro da espacio a ese re-encuentro recordado.

Re-cordar es volver a pasar por el corazón. El olvido de sí es un mecanismo normalizado socialmente que nos automatiza y oscurece; nos roba que el brillo de la perla que esconde nuestra ostra (o máscara social) emita sus destellos de radiante luz.

El gozo de Ser brilla en la completud, unificación, desfragmentación, entendiendo que la fragmentación se da entre lo que somos (la esencia) y lo que contruimos (el ego).

Cuando paso de la rotura interna a la unidad, la maternidad y la paternidad que ejerzo, acompaña a lxs niñxs a ser seres completos, sin necesidad de separarse de si mismos para ser aceptados y pertenecer a esa familia, que es el sostén de su superviviencia en edades tan tiernas y sensibles. Como niñxs, hacen cualquier cosa para pertenecer a su clan (por Amor) incluso separarse de si mismxs y, y así, vivir vidas a medias. 

La sobreprotección roba la fuerza: niñ@s desprotegid@s

 Nuestras abuelas eran mandadas, y nuestros abuelos se sentaban en la mesa a esperar que ellas les trajeran lo que habían pedido, a veces, incluso, sin palabras. Las cosas se aprendían a golpes de dolor y la letra con sangre entraba. El miedo era el mayor aliado de la educación mediante un socialmente aceptado autoritarismo, porque los niñ@s eran “malos” y se tenían que civilizar mediante la domesticación en nombre de la cultura.

Estamos apenas empezando a visualizar algo más que un modelo patriarcal, del que venimos.

Es dificil ser adult@ con todas sus  letras y actuar en consecuencia, haciéndose responsable de todo nuestro ser, sentir, pensar y actuar. Es dificil no dejarse empañar la mirada por la emoción del infante que vive dentro de nosotr@s, que no es más que la parte primitiva de nuestro cerebro -reptiliano-, el impulso y el instinto, dónde quedaron registradas las cicatrices de nuestras heridas infantiles y desde donde reaccionamos.

L@s niñ@s que nos rodean hacen un llamado a nuestra parte infantil -instintiva-. Evocan, sólo con su ser y estar en el mundo, aquéllo de nuestro ser y estar infantil, sobretodo aquéllo que aún está cargado emocionalmente, que sigue a la espera de ser sanado y zanjado, puesto en un espacio interno de calma.

Antes, delante de un@ niñ@ etiquetad@ “movid@” un@ pegaba un grito para que se estuviese quieto, ante un niñ@ “llorón@” se le hacía callar, y basta. El movimiento libre de es@ niñ@ rememoraba la represión de la autonomía de es@ adult@ así como el llanto rascaba su herida sobre lo que no pudo ser llorado. O sea, actuamos por resonancia. Las neuronas espejo se activan cuando vemos en la otr@ algo que tiene que ver con nosotr@s y reaccionamos, no a la otr@, sino a nuestra propia herida, a través de es@ otr@.

L@s niñ@s tienen la capacidad de ponernos delante lo que está por resolver.  Vienen  libres de cargas y lo que nos pase con ell@s -y con todo el mundo, en realidad- tiene que ver con nosotr@s, y no con ell@s.

“No hay otro”, como dijó un maestro zen.

Actualmente estamos yendo a terapia, haciendo cursos, escuchando charlas, y otras “hierbas” para comprender qué de nosotr@s nos limita en la relación con nuest@s hij@s. Para l@s buscador@s, que somos un@s cuant@as, hay una sed de conocimiento, para ir achicando ese desierto de ignorancia, entiendiendo por ignorancia el desconocimiento del si mism@. Cabe decir, de todos modos, que l@s niñ@s no necesitan adult@s perfectamente formad@s en educación, sino adult@s conscientes, en contacto con si mism@s, que derramen autenticidad. Desde esa base auténtica que vincula l@s hij@s con sus progenitores tejeran sus hilos, los infantes, para caminar con más o menos seguridad por el mundo. 

En este tránsito de una educación con abuso de poder, controladora, represora a un educación que concibe a la niñ@ con respeto por sus procesos vitales hay ciertos apectos que se ponen encima de la mesa. No tenemos referentes educativos de cómo estamos ejerciendo el poder actualmente. La autoridad sana no es la que pone al niñ@ y a la grande en la misma línea jerárquica -simplemente porque el segundo llegó antes y cuida al que llegó después-, tampoco permite que la niñ@ tome decisiones que no puede asumir por incapacidad (por falta de información, falta de experiencia, falta de noción del tiempo y del espacio…). La adult@ permite decidir lo que decide la niñ@. Mal vamos si un niñ@ decide en la casa donde vivirá la família, sin saber si podrán pagarla, a qué distancia queda del trabajo y de la escuela, etc. Es sano que a medida que l@s niñ@s ganen autonomía puedan decidir aspectos que les incumben, ajustados a sus capacidades y sin pasarse al otro lado, donde todo es de mantequilla, no hay límites y todo puede ser posible. Decidir ciertas cosas, ajustadas a su edad, insisto, les va bien para ser protagonistas de su desarrollo, empoderarse, crear conexiones neuronales que tengan que ver con el apredizaje de toma de decisiones, y sobretodo, sobretodo: para que aprendan sobre las consecuencias de sus acciones; base de la responsabildad, la otra cara de la misma moneda de la libertad.

María, de 14 años, se levanta tarde cada día y pierde el autobús que la lleva a la escuela. Su madre la lleva en coche, para que no llegue tarde, la “pobre”. Y ella, un día más, detiene el despertador y sigue durmiendo hasta rozar el límite, porque su insconciente sabe en silencio que su madre, la “salvadora”, la llevará. Un buen día la madre decide no llevarla más, pues se da cuenta de que le está robando la posibilidad a María de ser responsable y autónoma. María se enfada mucho y le dice de todo. Da por hecho la “ayuda” de mamá, casi una exigencia que debe ser cumplida. La madre se ha puesto en el papel de salvadora y María se lo ha creído, siendo la víctima que no puede hacer nada por si misma ¡ay si no fuera por su mamá! ¡Ojo! María se ha puesto en el rol de agresora el día que mamá deja de llevarla en coche.

Es necesario que María pase por el “túnel”, ese tubo oscuro lleno de decepción para poder salir a la luz del otro lado, habiendo llorado y rabiado, de camino. Ese trayecto, llamado frustración, le ha permitido confrontar la realidad con la fantasía. Las cosas no son como ella quiere, y darse cuenta la invita a aceptarlas como son, habiendo pasado el momento adrenalínico de pataleta natural, que permite el aprendizaje. 

Con este ejemplo hacemos metafora de muchas Marías y sus mamás. 

¿Cuántas veces hemos hecho por nuestr@s hij@s aquéllo que podían hacer por si mism@s? Todas esas veces hemos boicoteado la fuerza que les mueve a poner en juego sus recursos en la vida, base del aprendizaje y fundamento clave en la autoestima de toda persona. La ayuda deja de ser ayuda cuando lo que provocamos en la/el otr@ es que siga durmiendo en lugar de que despierte y madure. 

¿Cuántos zapatos habremos atado porque era más rápido hacerlo nosotr@s? Todas esas veces habremos dicho sin palabras a nuestr@s hij@s que no son capaces, ¡ya está mamá y papá aquí para hacer las cosas!

¿Cuántas veces habremos reconstruido una contrucción que se ha desmoronado para evitar el llanto de nuestr@s hij@? Todas esas veces habremos mostrado que somos sirvientes de sus estados de ánimo y habremos impedido que viviesen esa preciosa oportunidad donde gestionar su malestar, acompañad@s de las personas que más les quiere. Recuérdese que lo que un@ no se encuentra en casa, después se lo come de morros, fuera, y con personas que no tienen, ni de lejos, la calidad del vínculo que tienen con los propios progenitores.

¿Cuántas veces habremos encajado esa pieza en el puzzle para evitar que la frustración invadiera a nuestr@ hij@? Todas esas veces le estamos transmitiendo, con hechos y no con palabras -que calan mucho más-, que su deseo debe imperar por encima de todo, y eso les fragiliza porque no es real; la realidad a veces coincide con lo deseado y otras no. 

¿Cuántas veces habremos cambiado un plan, porque a la niñ@ no le apetecía? Todas esas veces  repetidas que hechas costumbre, en la que la niñ@ decide lo que se hace, le da a entender que debe ser una persona muy importante y dotada de mucho poder, pues se hace lo que él/ella dice siempre, creando un autoconcepto distorsionado que le causará un profundo dolor cuando vea que no todo el mundo está de acuerdo con su narcicismo. 

¿Cuántas veces habremos ahorrado a nuestr@s hij@s el disgusto de contarles algo que les dañaría? Si nos comportamos así siempre que podemos de forma compulsiva, y nos cuesta valorar si es “ahorrable o no” ese dolor, entonces es probable que estemos creando un mundo de algodones donde la tristeza y la rabia son desterradas, y la niñ@ puede recibir el mensaje de que estar alegre es mejor que frustrarse, y que además las emociones “negativas” se deben evitar por el bien de la salud, cuando en realidad sentir lo que nos pasa cuando nos pasa y ser capaces de respirarlo con confianza es el tesoro más grande que podemos poseer en nuestros adentros, pues nos dota de salud y nos dignifica: nos une con quien somos, en lugar de separarnos entre lo que somos y lo que deberíamos ser o sentir o aparentar. 

¿Cuántas veces habremos dado una explicación de cómo son las cosas antes de permitir que ell@s hayan experimentado por si mism@s como las perciben? Tantas veces que el discurso materno y paterno pone palabras a la realidad y solución a los problemas, todas esas veces arrebatamos la posibilidad de que nazca un discurso genuino, infundado en la propia experiencia directa con la vida, que incluye ensayo y error: o sea jugar y aprender de esa oportunidad.

¿Cuántas veces habremos evitado que la/hij@ no reciba un aviso de su profesor@, teniendo más interés que él/ella por hacer sus tareas? Todas esas veces estamos privando al niñ@ que aprenda de las consecuencias de sus acciones. En ese aprendizaje se fundamenta la responsabilidad y con lo cual, la libertad: tesoro más preciado de la vida humana.  

Con todas estas acciones que emprendemos “en nombre de la ayuda” hacemos entender que el mundo es un lugar hostil del que debo ser protegid@, pues no es posible salir allí y ensayar, jugar, intentar, caer, levantarme, romper, reconstruir, etc. Infundir miedo corta las alas a la autonomía, y con ello se instaura el patrón de la dependencia: hij@s mayores que aún llevan la ropa semanal a que la madre se la lave, y ella, lo hace porque es “lo normal”. ¿Estamos normalizando la dependencia?

Seguramente hay un beneficio de que los propios hij@s dependan de sus padres. Todo lo que hacemos es mantenido, porque salimos ganando en una parte que compensa, que se instaura por encima de la parte en la que salimos perdiendo. Es posible que como progenitores nos sintamos importantes, útiles, si nuestr@s hij@s nos necesitan. Es posible que así nos ahorremos el aceptar que crecen y que vuelan. Si eso es lo que nos beneficia, estaría bien preguntarnos que hueco interior estamos llenando con ellos. Los hij@s no deberían sentirse culpables por crecer y alzar su vuelo, pero eso pasa cuando las soledades de sus madres y padres no son sostenidas de forma responsable por éstos y se les sigue pidiendo a l@s hij@s que amenice las tardes a sus ma-padres, para así no tener que afrontar el terrible y temible hueco de la propia herida interna, esa que pertenece a la niñ@ de dentro y que se reaviva cuando el nido queda vacío. En este caso diríamos que la ma-paternidad es ejercida desde un narcisismo, y creará hij@s con rasgos narcicistas, probablemente.

También puede ser que ahorrar a la hij@ el dolor que trae consigo una frustración cotidiana haga que el progenitor se ahorre el dolor que se le actualizaría en su propio pecho, el cual no se permite revisitar. Por ello corta el estímulo que puede despertar aquella emoción dormida, recortando las alas expresivas del infante que cría y haciéndole afrontar sólo situaciones de éxito, dónde el ser competente prevalece por encima del “no me ha salido como quería, voy a intentarlo de nuevo”, que es lo que permite al infante adquirir aprendizajes y no aposentarse en el trono del rey y la reina acomodad@. 

Incluso también puede haber detrás de la sobreprotección de mamá y papá el argumento inconsciente “cómo lo hago yo, no lo hace nadie” que encierra una herida infantil de desconfianza: de miedo al fluir. Con lo cuál, es más fácil hacer por la hij@ lo que pueden hacer por si mism@ que esperar pacientemente que lo haga y no salga como a mamá o papá le gusta o en los tiempos que su impaciencia puede esperar. Incluso puede ser más fácil manipularl@ para que lo haga como mamá y papá desean (ojo digo desean y no necesitan!) que permitirle hacerlo a su manera, que puede diferir de la de sus progenitores, quienes evitan así un desacuerdo, y por lo tanto vivir una fantástca oportunidad de diferenciación e individualización, necesarias para la autonomía.

Es muy doloroso ser destronado de un trono que un@ se hizo suyo de forma tan natural. 

Es muy dificil afrontar dificultades cuando parece que frustrarse es igual a morir. 

Es muy incómodo darse cuenta de adult@ que el mundo no gira alrededor de un@ mism@ y de que se ha pasado media vida luchando para que así sea, y otra media pagando terapias para aceptar que no es así. 

Es una forma de ejercer violencia pasiva hacia las nuevas generaciones el hacerles entender que no son capaces y que necesitan de otr@s para sacarse las castañas del fuego, de quienes probablemente aún no se han individualizado, pues no han podido poner en práctica la fuerza sana y agresiva que caracteriza la capacidad de autoafirmarse sin culpa, “yo soy yo y tú eres tú”.

Es violencia crecer a generaciones de personas que sigan esperando que alguien les ponga el chupete cuando lloran y se le tapone al dolor. Probablemente, en la adultez,  el tabaco u otras addicciones cumplirán esa función represiva y distractora.

Sobreproteger es violencia porque, mediante un abuso de poder, se desempodera al más joven, a favor de algún beneficio del más mayor.

No han cambiado tanto los tiempos. Sólo que la equación se ha revertido, pero el cambio de los factores no altera el resultado, si ponemos por resultado el miedo como mecanismo de control.

Tallers teòrico-pràctics: “Què necessiten els nostres infants?”

 

✳️ Poder honrar els nostres pares ens pacifica ❣️ i recòneixer 👀 quins apectes de l’educació que vam rebre en la infància 👧🏻🧒🏾han generat patrons limitants en l’adultesa 👩🏻🧔🏾 i transformar-los és la nostra responsabilitat, per poder educar, més conscientment, les properes generacions 👶🏼.

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La consciència en la criança passa per:

✅ Entendre com es desenvolupa un ser humà i què necessita en cada fase evolutiva per créixer sà.

✅ Conèixer-se per tal de no traslladar les pròpies mancances als fills i filles.

En el TALLER teòrico-vivencial podràs:

✳️ Aprendre què passa en la infància i com determina l’educació que reben els nostres fills/es en la seva formació de la personalitat. 🧒🏾➡️🧔🏾

✳️ Comprendre els teus trets de caràcter segons els efectes que va generar en tu l’educació que vas rebre.
👱🏼‍♀️⬅️👶🏼

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