LA VIOLENCIA EMOCIONAL DE LAS MEDIDAS SANITARIAS EN LA ESCUELA II

Inicia un curso nuevo en un contexto marcado por las normas de seguridad sanitarias en las escuelas. Es sorprendente las medidas tan pautadas en las escuelas -no digo con ello que no pueda tener sentido tomar precauciones en esta situación, si es lo que desde lo sanitario se recomienda, y no desde lo político, que parece no ser lo mismo- y tan laxas en los bares, teniendo en cuenta que hay estudios que hablan de la poca probabilidad de que lxs niñxs contraigan el virus y que además sean agentes de contagio. Es una metáfora social del discurso epidemiológico y económico que impera en nuestras mentes. Este discurso, que atiende ciertos aspectos, está olvidando otros: las necesidades psico-afectivas humanas y además del rango de población más influenciable y tierno de nuestra sociedad, lxs niñxs, lo más preciado de la especie, en el sentido filogénetico y de esencia pura – la infancia guarda el alma humana-.

Lo que expongo a continuación, después de leer, escuchar a gente y llorar un rato, no son reflexiones que surgen de caprichos ni opiniones de gente demasiado sensible que estamos poniendo el foco de atención en lo humano del tema. Tiene que ver con estudios de neurociencia, psicología y educación de los últimos años en los que se ha basado la psicología del desarrollo para explicar las condiciones favorables del crecimiento infantil. Lo que expongo a continuación no tiene que ver con negacionismos, ni conspiraciones, ni cualquier otra categoría en las que no me identifico ni clasifico, ni me interesa. Lo que expongo a continuación tiene el propósito de seguir ampliando el primer artículo que escribí para invitar a que los ojos puedan mirar desde la perspectiva de las necesidades infantiles, son los ojos del corazón, despojados de banderas ni bandos. Cabe aquí recordar que la formación de la personalidad adulta se cimienta sobre las vivencias infantiles, semillas de la neurosis adulta, aspecto ya expliqué en el anterior artículo.

Parecía que, hasta hace poco, podíamos relacionarnos en los espacios exteriores sin mascarilla. Las probabilidades de estar cuidadxs en el exterior pareciera que eran mayores. Parece que ya no se puede. En un momento se reivindicó, y se sigue haciendo, la idea de trasladar parte de las actividades de la escuela al aire libre. Algunos espacios educativos ya lo hacen. En Nueva York se han habilitado espacios públicos para tal cometido con la mirada puesta en que lxs niñxs recuperen espacios de juego sanos y libres de miedo, primero. No con aportar contenidos académicos. Estas generaciones vuelven a la escuela con una mochila cargada de experiencias de una crisis sanitaria. Poder recibirlos para que se comporten como niñxs es un gesto necesario para atenúar los efectos de cualquier trauma que se puede haber generado de esta vivencia confinada, para se coloque en un sitio de calma dentro del cuerpo. El trauma con “t” minúscula es algo mucho más cotidiano de lo que creemos. Tiene que ver con la sensación de que la situación que vivimos nos exige más recursos que lxs que creemos disponer para afrontarla y nos congelamos por dentro. Esa reacción de supervivencia nos impide metabolizar las emociones que nos ayudan transitar ese susto para seguir viviendo en paz. Una escuela que acoge a lxs niñxs teniendo en cuenta su naturaleza favorece que esas posibles experiencias se digieran. Una escuela que impone normas de relación y de movimiento a un nivel altamente restrictivo puede generar más parálisis, dejando de ser un ambiente seguro para ser amenazante. Es normal sentirse violentado si a unx no se le permite ser lo que es. Y en la infancia precisamente somos lo que somos, aún no nos hemos desconectado. Más me preocupan lxs niñxs que se adaptan a este escenario que los que se enfadan y revindican su derecho a la niñez. Adaptarse a un mundo enfermo implica enfermar.

El efecto mascarilla en un entorno que puede llegar a ser vivido como hostil no ayuda a que el sistema nervioso se relaje. La sonrisa genera ese efecto. ¿Recuerdas escenas tensas de tu infancia y que la sonrisa de unx adultx fuese un refugio? La distancia más corta entre dos personas es la sonrisa, porque sentimos que pertenecemos, nos sentimos aceptadxs. La sonrisa puede ser un quita-miedos, un puerto donde sentirse segurx a edades tempranas, y siendo niñx mucho más porque predomina la comunicación no verbal. También, como decía Maturana, nos hacemos humanxs por el reconocimiento mutuo. A través de ti me veo a mí. A través de nuestra relación completa, construyo un yo completo. Las neuronas espejo se activan al visualizar la expresión facial de las emociones de lx otrx, lo que permite desarrollar la empatía. Si suprimimos la expresión de la boca, templo de la comunicación y la expresión por excelencia, estamos interfiriendo en ese reconocimiento, crítico en la infancia; cuando la vida pasa aún por lo sensorial, no lo mental. No por imaginar la sonrisa de la profe a través del brillo de sus ojos sino por verla en su boca. Por otro lado, tapar las sonrisas infantiles, a parte de lo nombrado, a nivel simbólico es tapar una de las cosas más maravillosas de este mundo. ¿Cuántos adultxs hacemos años y siglos de terapia para recuperar esa sonrisa? No es sólo de la sonrisa de lo que hablo cuando la nombro, sinó de la dimensión de vida y salud que se alberga tras ella. Otro tema ¿Cómo es el juego de unxs niñxs jugando juntxs con la boca tapada? Es probable que sea un juego hacia dentro y en lo propio porque el espacio de relación más significativo no se vé. La efectividad del contacto también dependerá de la edad y de los recursos de esx niñx. La pantalla facial interfiere en el intercambio comunicativo usurpando el espacio a la espontaneidad y a la complicidad entre dos rostros intercambiando gestos de su juego, insutituibles con otra parte del cuerpo a ese nivel de interacción.

El efecto distancia social puede acarrear la sensación de que lx otrx es un peligro para mí y yo para ella. Lxs adultxs podemos, más o menos por períodos de tiempo limitados, sostener un cierto grado de distancia en nuestras pieles. A lxs niñxs es pedirles mucho. El sistema nervioso infantil está irrigando las terminaciones nerviosas de la piel (órgano mayor del cuerpo), de la boca, de las manos, en grandes cantidades y en diferentes fases del desarrollo. La exploración y conocimiento del mundo pasa por tocar al otrx de manera espontánea. Que haya líneas en el suelo del patio, que no me pueda mover más allá de mi mesa, que no pueda compartir ciertos objetos, etc., puede crear la sensación de burbuja a mi alrededor. Psicológicamente, este cuidado que se toma a nivel sanitario, puede ser precursor de trastornos asociados a la ansiedad, obsesión y fobias, según se gestione la situación y la base personal de la que parta cada niñx. La creencia que puede subyacer es que el mundo no es un sitio seguro, porque la propia libertad de movimiento, de acción y de relación tienen la semilla del peligro, así que se pueden llegar a codificar estas acciones naturales y necesarias desde el miedo. Depende de cómo, ese miedo puede ser la puerta de entrada a patologías mentales, porque la sensibilidad de la infancia puede llegar a no sostener esas experiencias, anti-naturales de por sí, de forma saludable.

Escuché a una niña decir que era mejor llevar mascarilla que morir. Aquí vemos un ejemplo de como puede hablar el miedo por ella. Cuando estamos asustadxs actúa el sistema de alarma y no podemos pensar ni discernir. Eso nos coloca en un lugar de supervivencia, y podemos llegar a conformarnos con lo que sea, sacrificando la calidad de vida a favor de las migajas de la vida, pensando que eso es lo mejor que podemos obtener y dándole además las gracias. Por otro lado, esta frase nos habla de cómo atribuir a algo externo a nuestro cuerpo la falsa sensación de seguridad. La mascarilla como el escudo contra el dragón. Sería interesante educar en que el poder inmunológico tiene que ver con el funcionamiento interno del cuerpo y qué podemos ser activxs en ello con los hábitos, la alimentación, etc… además de que una mascarilla puede ser de ayuda si se sabe cuándo y cómo usar. Esta filosofía, de que la solución está fuera, es propia de nuestra cultura. La vemos en muchas actitudes cotidianas que nos deja en un lugar de ser víctimas de nuestras propias vidas, generando dependencia de aquéllo a lo que hemos otorgado el poder de protección en detrimento del propio.

La otra cara de la misma moneda es el personal docente y educativo. ¿Cómo viven este papelón que les ha “tocado” desempeñar? En el rol que desempeñan, con la boca tapada y con consignas de control para la salud (salud no es sólo lo físico, sino lo emocional y energético: somos todo eso junto y cada parte se interrelaciona indivisiblmente con la otra), me hacen pensar en policías sanitarixs. La nueva lista de normas y las exigencias con las que se pide cumplirlas deben tener su guardianxs, lo que recae en el equipo educativo. Un de los trabajos más importantes del mundo transformado en agencias de control y de orden: contando metros entre mesas, vigilando abrazos fuera de la burbuja, atendiendo a mascarillas, etc. Según sea la circustancia y los recursos del profesorado veo muy fácil llegar a estresarse, a sentir cierta ansiedad y malestar, condiciones de riesgo para un sector que acarrea ya bastante estrés por las ratios altas y la poca valoración institucional de su labor social. Es también inevitable que si hay intranquilidad en lx profe, el alumnado lo sienta, generando espacios emocionales que pueden ser poco seguros. Cuidar a quien cuida sería lo primero ahora. ¿Cuánto hemos tardado en liberar a las escuelas de doctrinas represivas con paradigmas autoritarios? Venimos de una historia de represión y puede que eso aún nos lleve a confundir responsabilidad con obediencia.

Me sigo sumando a tantas otras voces que hablan de la necesidad de revisiar la escuela. Lo que hasta hoy ha sido ya no sirve para acoger todas las necesidades infantiles con la dignidad y amor que se merecen. Repensar la escuela para que se adapte a lxs niñxs y no que ellxs tengan que repensar el ser niñx para adaptarse a la escuela, siendo ahora un contexto que reduce sus posibilidades de expansión en el periodo más expansivo de la vida. Ojalá esta escuela sea pasajera, sea la punta del iceberg de un sistema educativo en crisis y pueda dar paso a otro paradigma más amoroso. Mientras tanto, veo imprescindible cuestionarse la gestión del asunto para evitar normalizar lo que nos daña como especie.

PARA SABER DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE NECESIDADES INFANTILES OFRECEMOS ESTOS CURSOS DESDE http://www.acompanyamentfamiliar.com

Basados en la formación de Evânia Reichert: Prevención de la Neurosis infantil

Más info: https://laraterradas.com/talleres/

Contacto: lara.terradas@acompanyamentfamiliar.com

GRUPOS DE ACOMPAÑAMIENTO FAMILIAR: RECUPERACIÓN DE LA RED DE APOYO PARA CRIANZAS EN TRIBU

Ejercemos maternidades y paternidades solitarias y aisladas en una sociedad que ha venido promoviendo el individualismo en su capitalismo y patriarcado: cada unx en su casa con su lavadora y su crianza. Como seres humanos tenemos una naturaleza individual y también social. La grupalidad es fuente de identidad, de autoestima y de autoconciencia. El exceso de la polaridad individualista ha hecho, entre otras cosas, que la ma-paternitat se viva de forma solitaria y se comparta poco con otras personas en la misma situación. A veces incluso nos esforzamos en hacer ver que todo es maravilloso de cara a la galería, lo que aún nos deja más separadxs del mundo, y lo que es también nos separa de la propia realidad interna con nosotrxs mismxs. En los grupos de acompañamiento familiar compartimos lavadora y crianza, lágrimas y sonrisas. Cruzamos las fronteras del individualismo y el aparadorismo, lo que sana la herida de separación y sacia la sed de tribu, para descansar en la pertenencia en un grupo que me acoje como soy como persona y como ma-padre, sin culpas ni juicios.

Ser y ejercer de madre y padre es una de las cosas más complejas de este mundo. Se ponen en juego, a la vez y en versión amplificada, los atributos más esenciales de la personalidad: la sombra (todo lo que quedaba enterrado en el inconsciente) se manifiesta de forma inevitable así como los aspectos más luminosos también pueden florecer.
Por ello, creo que la ma-paternidad puede brindar al ser humano una oportunidad de profundo y acelerado autoconocimiento: es un gran espejo donde verse reflejadx. A través de su desarrollo se actualiza, de forma imperceptible, la propia infancia y eso nos remueve por dentro, seamos más o menos conscientes de ello. Sobre ellxs proyectamos aspectos que son propios, creyendo que lo que les pasa es lo mismo que nos pasa o nos pasó a nosotrxs, y vemos nuestros fantasmas en ellxs, dejándoles de ver como son porque el filtro de nuestras gafas está empañado de nuestra biografía emocional no elaborada. He visto en muchas personas repetirse esta escena: el hijx se siente rechazadx en la escuela y lx ma-padre cree que sufre igual que cuandoél/ella se sientió igual en un escenario parecido. Es natural empatizar así, y a la vez, es importante cuidar el grado de proyección, es decir cuánto confundimos que lo tuyo es igual que lo mío, porqué entonces vamos a actuar sin ver a nuestrx hijx, sino a nuestrx propio niñx internx pendiente de una resolución de su dolor y querremos protegerle pues quedó cristalizado ese miedo que ahora revivimos. En ese caso nos va a costar percibir que la vivencia, necesidades y recursos para hacer frente a la situación de nuestrx hijx no son iguales a las propias. Cuando nos hacemos cargo de nuestra herida podemos verles a ellxs y ese ejercicio lo hacemos en los grupos de acompañamiento familiar.

Los grupos de acompañamiento familiar representan un espacio de encuentro para poder reconocernos en mi y en lx otro en el cobijo del grupo: son espacios de encuentro entre personas de igual a igual, donde cada unx puede expresar sus inquietudes y necesidades. El efecto del grupo es hacer de contenedor y amplificador de estas expresiones: es como cantar dentro una campana y que todo el sonido es contenido por sus paredes y reverberado de nuevo hacia la voz cantante. El grupo genera un espacio de confianza donde poderse abrir como unx es, mostrarse con lo que ocurre y ser aceptadx como tal, sin necesidad de falsear y ponerse la mascara social con la que solemos ir por el mundo en busca de aprovación. El hecho de compartir a este nivel, en la frecuancia vibratoria del corazón dejando la mente descansar, genera una intimidad que como especie humana estamos necesitando urgentemente, pues tener relaciones amorosas es un fuente de nutrición para expandirnos con nostrxs mismxs y con nuestras criaturas.


Todo ello con la particularidad de que el contenido personal que se abre en el seno grupo es altamente sensible: estamos hablando de los propios hijxs y de las propias dificultades para relacionarse a ellxs. Son espacios de tribu donde a través de la red de confianza que se establece, como base que todo lo sostiene, se abren espacios de reflexión en torno a las peripecias evolutivas de cada niño y la forma de gestionarlas por la madre o el padre: gestión de límites, de la rabia, de la tristeza, control de esfínteres, la relación entre iguales (juegos de poder y sumisión), las dudas que surgen en torno a la gestión de la autoridad (permisividad vs. rigidez), el descubrimiento de la sexualidad, etc …

El grupo genera este espacio de contención y de aceptación incondicional de las sombras y virtudes de cada participante. En el grupo “tu eres yo y yo soy tú”, en el sentido de que lo que te pasa a ti hoy me puede pasar a mí mañana y que todxs estamos en el mismo barco en términos de aprendizaje para ejercer ma-paternidades lo más libres de condicionamientos posibles, lo más sanas y más amororses posibles, respetando al máximo los niños y a una misma.


El acompañamiento terapéutico por mi parte tiene la doble función de informar y sostener. Aporto conocimientos, por un lado, sobre los hitos evolutivos de lxs niñxs, lo que aclara dudas o falsas interpretaciones sobre el qué esperar de los hijos en su proceso de crecimiento y cómo leer entre líneas para entenderles y acompañarles lo más conscientemente posible. Por otro lado, acompaño las vivencias que espontáneamente van surgiendo en el grupo, así como facilito propuestas vivenciales a través de dinámicas gestálticas y corporales, desde la mirada de una educación respetuosa por los procesos de crecimiento familiares. El trabajo desde el cuerpo es medicina desde mi puento de vista: permite abrir rincones internos donde no entra la luz para re-encontrarse con emociones silenciadas que se convierten en fuente de ansiedad si nose reconocen y se vuelven tensión, dolor, síntoma o enfermedad. Ir al cuerpo es una manera de bajar el volumen del discurso mental que nos auto-explicamos y recuperar la sensación, a veces perdida, de placer para vivir en el presente. Observo que este abordaje en madres y padres tiene efectos muy positivos, especialmente porque la ma-paternidad invita a poner la atención afuera y el cuerpo al servicio del otrx, de una manera que muchas veces hay un olvido de sí mismx (más comúnmente en madres que en padres).

Volver a habitarse representa “volver a casa”, recuperar la presencia interna y reconquisatr el presente, que en el fondo es lo que necesitan los niños: madres y padres que estén aquí y ahora.

Para acabar y poner en el contexto actual todo lo dicho, añado que el espacio de apoyo, de asesoramiento, de ser-como-soy y de crecimiento que regala un grupo de estas características en un momento como el actual – lleno de incertidumbre y presión familiar- representa una válvula de escape y de regeneración, más que nunca. En las crisis se hace más necesaria la tribu donde nutrirse para seguir criando de la manera que nuestro corazón quiere hacerlo para que las dificultades del momento presente puedan ser acompañadas en nuestrxs hijxs con la màxima serenidad posible para que esta experiencia no sea sólo una fuente de inquietud, sino que sepamos cómo hacer la alquimia para no dejar de construir vínculos seguros, que siembran fortalezas en la infancia de nuestrxs hijxs hoy, para que sean néctar de amor floreciendo, mañana.

.

LA VIOLENCIA EMOCIONAL DE LAS MEDIDAS SANITARIAS EN LA ESCUELA

A las puertas de nuevo curso escolar, se nos hace necesario revisar, una vez más, dónde quedan los derechos y necesidades infantiles en la gestión de las medidas sanitarias en la escuela.

Las medidas que se quieren hacer aplicar a lxs profesionalxs de la educación pueden prevenir contagios. Digo pueden porqué no hay pruebas científicas que apoyen que tales medidas son efectivas, por un lado, y por el otro, me parece muy dispar el concepto infancia y ambientes asépticos. No me imagino a niñxs durante tantas horas con mascarilla, a no ser que estén bajo la coacción y manipulación de la pedagogía del miedo. Las medidas pueden prevenir contagios, pero desde luego no previenen la neurosis infantil, más bien la invitan. Me explico.

Todo ser humano adulto es neurótico. Significa que hemos construido una personalidad que nos sirve para navegar por la vida social con sus sabios mecanismos de supervivencia -neuróticos- que nos han protegido en la infancia, con la función de evitarnos sentir daños que no nos hubieran permitido ir hacia adelante en el desarrollo. Hemos creado capas en nuestra cebolla neurótica para protegernos del desamor que, quien más quien menos, hemos vivido en la tierna infancia. La estrategia “capas de cebolla” hecha de culpa, miedo, vergüenza, angustia, infra valorización, perfeccionismo, soberbia, gula… es una manera de reaccionar inherentemente propia de una cultura centrada en los intereses adultxs, que difieren de lxs infantiles. ¡Ojo, como si fuéramos entidades separadas! Pues lo que transitamos en la infancia es la semilla de lo que somos en la adultez -he aquí un ejemplo de la tan famosa fragmentación de nuestros tiempos-. Una cultura adulto céntrica no tiene en cuenta las necesidades infantiles. Esto ya era así antes de la crisis actual, pero la situación presente manifiesta a gritos lo que requiere ser transformado en el sistema, haciendo que las taras sean ya muy evidentes. La neurosis en una persona en desarrollo se dispara cuando sus necesidades genuinas y sus derechos evolutivos no son cubiertos y además no tiene la capacidad de comprender porqué eso no es así; no puede aún discernir lo que está ocurriendo, solo recibe el impacto de lo ocurrido en su inconsciente y eso va a moldear la construcción de su personalidad: su psique y su cuerpo. La buena noticia es que lxs niñxs tienen gran plasticidad neuronal, y como ya hemos visto en el confinamiento, pueden adaptarse a lo que les echen, pero eso no significa que sea a coste cero; tiene un precio que se hará tangible a medida que crezcan.

Por poco que pensemos en unx niñx nos lx imaginamos jugando, tocando, riendo, con mocos colgando de la nariz desde otoño hasta invierno, en contacto con otros cuerpos cercanos como forma de relación, curioseando con su entorno con sus manos, poniéndose cosas en la boca, ensúciandose, o sea, ejerciendo su derecho a la existencia, a la autonomia, a la iniciativa, a la auto-afirmación y a la competencia.

El modelo de niñx que me viene a la cabeza sometido a las medidas sanitarias en la escuela que se proyecta es una especie de robot obediente, desprovisto de su inherente espontaneidad infantil.

Para empezar, taparle la boca a unx niñx casi todo el día puede suponerle dificultades de relación (y respiratorias, ya veremos), y si hablamos de niñxs tímidxs o retraídos socialmente…¡ni te cuento! La escuela es una espacio de socialización entre iguales donde se ponen en marcha los aprendizajes para experimentar el lugar de lx niñx en el grupo, o sea en el mundo, el primer mundo después de la familia.
Tapar la boca no solo no ayuda a ir de dentro hacia afuera, sino al revés. Lx niña se relaciona un 90% en lo no verbal y un 10% en lo verbal, y a más pequeños, más sube el porcentaje de lo no verbal. No poder ver una cara para leer que emoción transmite y por lo tanto cómo seguir relacionándose con esa persona, es una gran pérdida en la comunicación, un corte relacional importante. Cómo adultxs podemos inferir esa mueca oculta detrás de la mascarilla; como niñxs, aún falta tiempo para crear mapas mentales de esa experiencia que permitan orientarse en la relación con lx otrx sin que su rostro sea visible del todo.

Otro aspecto que me parece muy doloroso es la frivolización con la que se imagina controlar a lxs niñxs que presenten síntomas. Tener una habitación para aislarlos es directamente fomentar la estigmatización de ese Ser que está en edad esponja y todo lo que absorbe y no es acompañado desde el amor, puede dejar una huella es su biografía. Será fácil apuntar con el dedo a ese niñx y que se sienta excluidx teniendo en cuenta la sensibilidad infantil extrema por necesitar ser aceptadx y pertenecer al grupo de iguales. Lx niñx con algún síntoma puede vivirse como una amenaza para lxs demás, con la carga de culpa que eso puede añadir “yo-soy-un-peligro-sólo-por existir”. Este concepto atenta directamente contra el dercho a exisitir que instauramos en la fase más temprana de nuestro desarrollo, cuando acabamos de nacer, y genera un efecto de parálisis en la musculatura profunda, no hace falta decir que el movimiento es la expresión de la Vida.

Para seguir, el distanciamiento físico es un aspecto muy comprometido en este momento evolutivo. Como decía, el 90% del mensaje recibido es corporal y eso incluye no solo la vista, sino el tacto, o sea el con-tacto. Prohibir los abrazos es prohibir la humanidad. El contacto relaja el sistema nervioso, tanto en el juego con lxs iguales, como en una situación de contención en que lx maestrx aproxima su cuerpo para sostener físicamente a ese alumnx con una emoción intensa en proceso.

Para terminar, el lavado de manos a modo compulsivo puede dar diana directamente en el hábito de la hiper-higiene, lo que puede ser una semilla para futuros rasgos de personalidad obsesivos y ansiosos. Cuando en la infancia hay un exceso de énfasis sobre la higiene del propio cuerpo generamos una sensación de incomodidad en él, pues no es un sitio de confianza donde estar a gusto si no está limpio, y esa intranquilidad interna puede llevarnos a actitudes neuróticas de exigencia, obsesión, ansiedad, etc. para querer compensar la incomodidad de vivir en un cuerpo que no es un espacio seguro.

Me sumo a todas las voces que estamos mirando esta cuestión con la necesidad imperativa de poner la Vida en el centro, por encima del miedo, y con ello la necesidad de control que no puede tener en cuenta otros aspectos que tienen que ver con la calidad de vida por encima de la supervivencia del terror. Me vuelvo a sumar a las personas que ya hace tiempo venimos apostando por una educación más humanizada, en contacto con la naturaleza humana y planetaria y con ratios inferiores. Me sumo a las familias que os estáis moviendo para que se oiga vuestra voz en no querer escuelas-asépticas. Me sumo al movimiento del cuestionar la necesidad de que la consciencia sea indispensable en las esferas políticas, para que sea impensable que unas medidas sanitarias invisibilicen otro aspecto que realmente es importante y determinante en la vida de un niñx:  sus necesidades psicológicas y motrices ya que son el fondo de reserva para toda su vida. Me sumo a la idea de que ha llegado el momento de repensar la escuela y dejarla de ver como un laboratorio de experimentos sociales con contenidos académicos, sino como un espacio de educación humanizada donde la expresión del Ser -mediante el respeto profundo por las necesidades infantiles- sea más imperativa que su represión, por pandemia que haya.

PARA SABER CUÁLES SON LAS NECESIDADES INFANTILES (DE TUS HIJXS Y LAS TUYAS POR RESOLVER) Y BRINDARLES/NOS EL RESPETO QUE SE/NOS MERECEN/EMOS OFREZCO UN CURSO ONLINE DESDE Acompanyament Familiar (www.acompanyamentfamiliar.com) SOBRE EL TEMA EN DOS FORMATOS: BREVE Y EXTENDIDO (terapeuta colaborador: Roberto Lauriei www.concienciadelavoz. com)

CONOCERTE: ENTENDER A TU NIÑX INTERNX

MÁS INFO: https://laraterradas.com/talleres/

PÍNDOLA CORPORAL. PROPOSTA 13

Comparetixo recursos corporals que faig servir en les sessions i en les meves rutines diàries per a que tota la família pugui mantenir el benestar a través de deixar anar la tensió que acumulem al cos en aquests dies.

El moviment és un font de salut i necessitem cuidar-nos, més que mai, en aquestes circumstàncies.

Faig servir recursos de la bioenergètica, dansa, ioga i arts marcials.

A disfrutar família!

PÍNDOLA CORPORAL. PROPOSTA 12

Comparetixo recursos corporals que faig servir en les sessions i en les meves rutines diàries per a que tota la família pugui mantenir el benestar a través de deixar anar la tensió que acumulem al cos en aquests dies.

El moviment és un font de salut i necessitem cuidar-nos, més que mai, en aquestes circumstàncies.

Faig servir recursos de la bioenergètica, dansa, ioga i arts marcials.

A disfrutar família!

PÍNDOLA CORPORAL FAMILIAR. PROPOSTA 11

Comparetixo recursos corporals que faig servir en les sessions i en les meves rutines diàries per a que tota la família pugui mantenir el benestar a través de deixar anar la tensió que acumulem al cos en aquests dies.

El moviment és un font de salut i necessitem cuidar-nos, més que mai, en aquestes circumstàncies.

Faig servir recursos de la bioenergètica, dansa, ioga i arts marcials.

A disfrutar família!

WordPress.com.

Subir ↑