GRUPOS DE ACOMPAÑAMIENTO FAMILIAR: RECUPERACIÓN DE LA RED DE APOYO PARA CRIANZAS EN TRIBU

Ejercemos maternidades y paternidades solitarias y aisladas en una sociedad que ha venido promoviendo el individualismo en su capitalismo y patriarcado: cada unx en su casa con su lavadora y su crianza. Como seres humanos tenemos una naturaleza individual y también social. La grupalidad es fuente de identidad, de autoestima y de autoconciencia. El exceso de la polaridad individualista ha hecho, entre otras cosas, que la ma-paternitat se viva de forma solitaria y se comparta poco con otras personas en la misma situación. A veces incluso nos esforzamos en hacer ver que todo es maravilloso de cara a la galería, lo que aún nos deja más separadxs del mundo, y lo que es también nos separa de la propia realidad interna con nosotrxs mismxs. En los grupos de acompañamiento familiar compartimos lavadora y crianza, lágrimas y sonrisas. Cruzamos las fronteras del individualismo y el aparadorismo, lo que sana la herida de separación y sacia la sed de tribu, para descansar en la pertenencia en un grupo que me acoje como soy como persona y como ma-padre, sin culpas ni juicios.

Ser y ejercer de madre y padre es una de las cosas más complejas de este mundo. Se ponen en juego, a la vez y en versión amplificada, los atributos más esenciales de la personalidad: la sombra (todo lo que quedaba enterrado en el inconsciente) se manifiesta de forma inevitable así como los aspectos más luminosos también pueden florecer.
Por ello, creo que la ma-paternidad puede brindar al ser humano una oportunidad de profundo y acelerado autoconocimiento: es un gran espejo donde verse reflejadx. A través de su desarrollo se actualiza, de forma imperceptible, la propia infancia y eso nos remueve por dentro, seamos más o menos conscientes de ello. Sobre ellxs proyectamos aspectos que son propios, creyendo que lo que les pasa es lo mismo que nos pasa o nos pasó a nosotrxs, y vemos nuestros fantasmas en ellxs, dejándoles de ver como son porque el filtro de nuestras gafas está empañado de nuestra biografía emocional no elaborada. He visto en muchas personas repetirse esta escena: el hijx se siente rechazadx en la escuela y lx ma-padre cree que sufre igual que cuandoél/ella se sientió igual en un escenario parecido. Es natural empatizar así, y a la vez, es importante cuidar el grado de proyección, es decir cuánto confundimos que lo tuyo es igual que lo mío, porqué entonces vamos a actuar sin ver a nuestrx hijx, sino a nuestrx propio niñx internx pendiente de una resolución de su dolor y querremos protegerle pues quedó cristalizado ese miedo que ahora revivimos. En ese caso nos va a costar percibir que la vivencia, necesidades y recursos para hacer frente a la situación de nuestrx hijx no son iguales a las propias. Cuando nos hacemos cargo de nuestra herida podemos verles a ellxs y ese ejercicio lo hacemos en los grupos de acompañamiento familiar.

Los grupos de acompañamiento familiar representan un espacio de encuentro para poder reconocernos en mi y en lx otro en el cobijo del grupo: son espacios de encuentro entre personas de igual a igual, donde cada unx puede expresar sus inquietudes y necesidades. El efecto del grupo es hacer de contenedor y amplificador de estas expresiones: es como cantar dentro una campana y que todo el sonido es contenido por sus paredes y reverberado de nuevo hacia la voz cantante. El grupo genera un espacio de confianza donde poderse abrir como unx es, mostrarse con lo que ocurre y ser aceptadx como tal, sin necesidad de falsear y ponerse la mascara social con la que solemos ir por el mundo en busca de aprovación. El hecho de compartir a este nivel, en la frecuancia vibratoria del corazón dejando la mente descansar, genera una intimidad que como especie humana estamos necesitando urgentemente, pues tener relaciones amorosas es un fuente de nutrición para expandirnos con nostrxs mismxs y con nuestras criaturas.


Todo ello con la particularidad de que el contenido personal que se abre en el seno grupo es altamente sensible: estamos hablando de los propios hijxs y de las propias dificultades para relacionarse a ellxs. Son espacios de tribu donde a través de la red de confianza que se establece, como base que todo lo sostiene, se abren espacios de reflexión en torno a las peripecias evolutivas de cada niño y la forma de gestionarlas por la madre o el padre: gestión de límites, de la rabia, de la tristeza, control de esfínteres, la relación entre iguales (juegos de poder y sumisión), las dudas que surgen en torno a la gestión de la autoridad (permisividad vs. rigidez), el descubrimiento de la sexualidad, etc …

El grupo genera este espacio de contención y de aceptación incondicional de las sombras y virtudes de cada participante. En el grupo “tu eres yo y yo soy tú”, en el sentido de que lo que te pasa a ti hoy me puede pasar a mí mañana y que todxs estamos en el mismo barco en términos de aprendizaje para ejercer ma-paternidades lo más libres de condicionamientos posibles, lo más sanas y más amororses posibles, respetando al máximo los niños y a una misma.


El acompañamiento terapéutico por mi parte tiene la doble función de informar y sostener. Aporto conocimientos, por un lado, sobre los hitos evolutivos de lxs niñxs, lo que aclara dudas o falsas interpretaciones sobre el qué esperar de los hijos en su proceso de crecimiento y cómo leer entre líneas para entenderles y acompañarles lo más conscientemente posible. Por otro lado, acompaño las vivencias que espontáneamente van surgiendo en el grupo, así como facilito propuestas vivenciales a través de dinámicas gestálticas y corporales, desde la mirada de una educación respetuosa por los procesos de crecimiento familiares. El trabajo desde el cuerpo es medicina desde mi puento de vista: permite abrir rincones internos donde no entra la luz para re-encontrarse con emociones silenciadas que se convierten en fuente de ansiedad si nose reconocen y se vuelven tensión, dolor, síntoma o enfermedad. Ir al cuerpo es una manera de bajar el volumen del discurso mental que nos auto-explicamos y recuperar la sensación, a veces perdida, de placer para vivir en el presente. Observo que este abordaje en madres y padres tiene efectos muy positivos, especialmente porque la ma-paternidad invita a poner la atención afuera y el cuerpo al servicio del otrx, de una manera que muchas veces hay un olvido de sí mismx (más comúnmente en madres que en padres).

Volver a habitarse representa “volver a casa”, recuperar la presencia interna y reconquisatr el presente, que en el fondo es lo que necesitan los niños: madres y padres que estén aquí y ahora.

Para acabar y poner en el contexto actual todo lo dicho, añado que el espacio de apoyo, de asesoramiento, de ser-como-soy y de crecimiento que regala un grupo de estas características en un momento como el actual – lleno de incertidumbre y presión familiar- representa una válvula de escape y de regeneración, más que nunca. En las crisis se hace más necesaria la tribu donde nutrirse para seguir criando de la manera que nuestro corazón quiere hacerlo para que las dificultades del momento presente puedan ser acompañadas en nuestrxs hijxs con la màxima serenidad posible para que esta experiencia no sea sólo una fuente de inquietud, sino que sepamos cómo hacer la alquimia para no dejar de construir vínculos seguros, que siembran fortalezas en la infancia de nuestrxs hijxs hoy, para que sean néctar de amor floreciendo, mañana.

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Un comentario sobre “GRUPOS DE ACOMPAÑAMIENTO FAMILIAR: RECUPERACIÓN DE LA RED DE APOYO PARA CRIANZAS EN TRIBU

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  1. Mi reflexión, relativamente off topic.

    Melón muy necesario. Como persona psiquiatrizada no he podido desarrollar relaciones afectivas sanas y plenas al mismo tiempo que las personas normotípicas (cuerdas) de mi contexto y generación. Es por ello que ahora muchxs compas del colectivo loco nos encontramos con la crisis de desear tener una familia cuando muchxs hemos tardado años para llegar a unas relaciones afectivo sexuales minimamente sanas. En muchos casos es precisamente una crianza difícil o deficitaria la que está en la base del trastorno mental y no hacemos más que resonar con dicha crianza y vínculos sin saber romper el bucle.

    El caso es más angustiante cuando son mujeres que desean tener hijxs ya que su tiempo de fertilidad es limitado. Además, sufren con más frecuencia la psiquiatrización y por tanto son medicalizadas, con la barrera obvia que esto último supone.

    Muchos piensan en apoyos de familia extensa (quienes la tengan) pero las redes de apoyo colectivas y afines que se solapan con amistades y alianzas pueden ser un campo fructífero. De hecho, los planteamientos de cuidados que se plantean en el poliamor han llamado la atención de unxs cuántxs de nosotrxs. Algunas dificultades prácticas están en los estilos de vida, es difícil criar de manera natural con estilos de vida (trabajo, ocio, vivienda, movilidad,…) artificiales.

    A nivel institucional no conozco muchos proyectos y en general la impresión es que se está más cerca de las esterilizaciones (que existen) que de ofrecer apoyo. Casa Verde de la vírica y troyana Fundación Manantial, es uno de esos proyectos.

    En fin… Un tema que está por estudiar y resolver para el colectivo y reflejo ampliado del resto de la sociedad. En su momento traté de diseñar y llevar a cabo una pequeña investigación sobre cuidados dentro de las parejas con una, ambas o más personas con trastorno mental o diversidad psíquica. El interés era, como mínimo, recopilar herramientas para la relación en la que me encontraba en ese momento. Al final, mi vida afectiva tomó una espiral hasta estrellarse y la investigación no llegó para evitarlo.

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