COVID-19. COnsciencia para la VIDa y la crianza

“Y ahora que hacemos con las criaturas?” es la pregunta que encabezaba el programa especial de l’Ofici d’Educar de Elisabeth Pedrosa al que acudí el pasado viernes para abordar la situación derivada del Coronavirus en la realidad familiar. Es un pregunta que sigue retumbando en mi cabeza después de lo compartido en el programa. Lo que me llega es que LOS LÍMITES para cuidar la salud de la población más vulnerable y evitar el colapso de sanidad nos invitan a aflorar todos los monstruos internos habidos y por haber, y detrás de ellos se esconde el GRAN TESORO: el DESPERTAR DE LA CONSCIENCIA.

Eres consciente de lo que se va moviendo por el subsuelo de tu insconsciente en estos días? Qué espacio te das para reconocer lo que te ocurre adentro?

Se mueve el MIEDO. La función del miedo es de protección delante de una amenaza, que puede existir objetivamente o en nuestra cabeza. La amenaza viene de la pérdida de algo. El primer miedo que esta situación vírica invoca es a la MUERTE de seres queridos o a la propia. Otro es a la pérdida ECONÓMICA. Otro es a la ruptura de nuestra ZONA DE CONFORT, dejando al descubierto la INCERTIDUMBRE como antídoto a la falsa sensación de CONTROL que teníamos sobre nuestras vidas hace un par de días. En nuestra zona de confort han jugado un rol importante el INDIVIDUALISMO y la DESCONNEXIÓN-DISTRACCIÓN, lo que determina las formas de CRIANZA de lxs hijxs. 

Eres consciente de que el CONFINAMENTO te pone delante del PARAR y no tener una puerta por dónde ESCAPAR de la relación con ti mismx y con tus criaturas? El confinamento puede ser una cárcel si sigues en la actitud escapista de ti mismx. De lo contrario, puede ser un espejo que te devuelve la imagen de cómo te sientes en tu propia casa interna (a la que siempre estás confinadx pero de la que te ausentas) sin distracciones ni aditivos. Cómo te sientas contigo mismx en esta situación es desde dónde acompañas a tus criaturas recluidas en casa estos días. 

La pregunta en estos momentos pues, como digo, es: ¿Eres consciente de lo que te ocurre? Esta situación te invita a estar con lo que te pasa porque no hay manera de irse, como mínimo físicamente. Me recuerda a cuando un buen amigo mío me encerraba en el baño y sólo me dejaba salir después de haber pataleado mucho y haberme rendido al hecho de aceptar el estar encerrada, habiendo dejado ya de luchar. ¿De qué quería huir? De mi misma. La cárcel que veo fuera es la que tengo dentro, pero en lo cotidiano tienes cines, parques, conciertos, cuenta-cuentos, restaurantes y miles de otros espacios y ruidos con los que disfrutar de la vida, además de distraerte de las propias cárceles e incomodidades interiores. Ahora no hay adónde ir. Ese puede ser el “ESTADO DE ALARMA” EMOCIONAL. Hay dos opciones, sentirte víctima de la situación y traspasarla como un trámite, sin respirar y queriendo apartar todas los inconvenientes psicológicos que te trae (que saldrán por la puerta de atrás de forma incontrolada antes o después) o usarla como un laboratorio intensivo para verte en las propias dificultades y aprender de ellas con la intención de crecer y transformar lo infantilizado en ti en una actitud más responsable para tu mayor bienestar, el de tus hijxs y tus relaciones cercanas. 

Así pues, he aquí el tesoro escondido: el darse cuenta DE CÓMO VIVES LO QUE PASA para ejercitar el músculo de la consciencia.  La consciencia es la capacidad de verse con el ojo que OBSERVA lo que te ocurre desde fuera de forma neutra, sin enjuiciar ni querer cambiarlo, como cuando observas un paisaje y eres testigo de sus colores, olores, sonidos, temperatura. Esa forma de mirarte eleva tu vibración (protección del sistema immunitario) porque es un estado de PERMISO, sales de la jaula interna. Desde ese testigo permisivo dices: Me doy cuenta que estoy cagadx de miedo con estar recluidx en casa con mis hijxs durante muchos días, por ejemplo. Al darte cuenta de tu estado emocional das un paso atrás y ya no eres esa emoción. Te ves a ti mismx a través del ojo que mira la emoción y el pensamiento que estás habitando, como si fueran la verdad absoluta, pero no lo son, son un producto de tu mente construida a base de miedos infantiles no resueltos.  En este caso, la consciencia te puede ayudar a descifrar la frase ejemplo de más arriba. Alberga un pensameniento anticipatorio (“muchos días”) que habla del futuro cuando tus pies estan AQUÍ Y AHORA y una emoción de angustia te invade por proyectar no ser capaz de sostener la situación a largo plazo.  Verte, a veces, es incómodo porque hay cosas que no agradan. No verte puede provocarte SUFRIMIENTO, en cambio, mirarte con lo que te pasa, DOLOR. El sufrimiento es estéril porque evita entrar de verdad en lo que sientes y puedes pasar el rato quejándote (actitud victimizada), dándo vueltas a los mismos pensamientos (obsesionarte), enfadándote con tus hijxs para descargar el malestar (desviando), etc. El dolor es fértil si te lo dejas sentir tal cual viene, le das la bienvenida y lo acunas en los brazos del corazón de tu consciencia para que sea digerido por tu ESPERANZA y AMOR. Esto implica dejarte estar triste o enfadadx, llorar, gritar; dar salida a la emoción hacia afuera (sin dañar a tercerxs) para luego poder descansar en lo que se es, una vez liberado el terreno interno de emociones. Traspasar y vivir lo que hay permite abrir un horizonte de paz.

PARAR, que es un verbo en peligro de extinción, se merece un párrafo en si mismo. Cuando paramos y no-hacemos, permitimos que el espacio abra paso a lo que hay dentro porque la sabiduría natural del cuerpo se puede expresar. Te sale desconcierto, rabia, tristeza, frustración, impotencia en tu confinamiento? Invito firmemente a darte  el  PERMISO y el DERECHO para sentir en lo que estés y buscar las vías necesarias para expresar esos afectos, para RESPETARTE y RESPETAR a lxs demás y así no volcar tus propios asuntos emocionales sobre quienes más te necesitan y menos se lo merecen en estos días de desconcierto, lxs niñxs.

PARAR significa también no tener que ir a ninguna parte ni tener que hacer nada. Excepto en los momentos de teletrabajo, con lo surrealista que me parece esa escena: exigir trabajar con niñxs en casa es una AGRESIÓN AL SISTEMA FAMILIAR, en nombre del monstruo económico patriarcalizado, que ni delante de una crisis de pandemia se plantea el significado del concepto CONCILIAR (por no hablar de quien aún tiene que salir de casa a trabajar estando todxs lxs demás confinadxs).

Volviendo a lo de parar ¿Cómo nos movemos sin tener una META A LA QUE LLEGAR? Ese moverse sin un fin productivo nos pone en contacto con el puro estar por estar y ser por ser. Me viene la imagen de las familias de antaño alrededor del fuego, saboreando el  pasar compartido del latido de los segundos en compañía. Veo en las redes sociales muchas propuestas de hacer cosas en casa, con lxs niñxs, o si no, peticiones de ellas. Me parece bonito que haya una intención de hacer algo amoroso para pasar el rato lo más agradablemente posible. Y a la vez me cuestiono si la búsqueda de este hacer está tapando el MIEDO A ESTAR, SIN OBJETIVOS. Miedo a ABURRIRSE. Aburrirse es encontrarse con unx mismx y querer escapar de ese encuentro con algo externo. Desde el aburriemiento salen las IDEAS MÁS CREATIVAS, es el VACÍO FÉRTIL, que se dice en Gestalt. Nuestro modus vivendis, interrumpido por el Coronavirus, se ha basado en correr de un lugar para otro durante el día, detrás de no se sabe bien qué, condicionadxs por unos mandatos sociales basados en el arquetipo de la Coca-Cola (imagen del tío bueno joven morenazo ojos azules y camisa desabrochada abriendo la lata en pleno verano con ese ruidito, chas!) y de Walt-Disney (siempre con final feliz, uno más fuerte salva a una menos capaz: o sea  la solución está fuera,  y el salvador y la salvada suelen cuadrar con unos roles de género heteronormativos y occidentalizados y… Hakuna Matata por encima de todo, al valle de la hienas nos hay que ir, evitemos lo “oscuro”, cuando en realidad es parte de nosotrxs, y mucho más que diría, pero lo dejo aquí). Estos mandatos, por H o por B, han sabido muy bien como programarnos para EVITAR LAS LLAMADAS EMOCIONES NEGATIVAS. Con lo cual no poder entrenar la habilidad de responder (o sea la llamada RESPONSABILIDAD) delante de estas emociones y practicar nuestro poder en el mundo gracias a aprender a gestionarlas, con lo cual hemos acabado yendo por él desde una actitud desenergetizada (victimizada) o pasada de vueltas (agresora). 

Necesitamos como colectivo volver a casa, y la medida de confinamiento lo dice literalmente a gritos sordos: volver adentro. Necesitamos tomar este “obstáculo” vírico de la naturaleza como un trampolín para volver a sintonizar con la escucha de nuestra alma, que grita fuerte a través del virus: mírame, sigo aquí esperándote para que me tengas en cuenta, y con ello lxs niñxs, porque hablar con la propia alma es hablar el lenguaje de lxs niñxs. Podemos seguir huyendo, no hace falta salir de casa para huir, podemos seguir ausentándonos a través de nuestras adicciones (el mòbil, Netflix, planificar, obsesionarse, producir lo que sea compulsivamente para sentirse útil…) que son sustitutos del contacto interno: dónde reside el Amor. Lo que pasa es que el Amor está detrás del dolor. Ansiamos el estado de luz, pero no estamos dispuestxs a pasar por la antesala, ese túnel oscuro que nos muestra las heridas que aún están por cicatrizar. 

¿Qué hacemos con nuestras criaturas? Como llevo diciendo, lo que me viene hoy, después del programa de l’Ofici d’Educar es:  ¿Qué hacemos con nuestra criatura interna en primer lugar, asustada, paranoica, desesperada, impotente? Primero es a esa a la que hay que atender y calmar con nuestra observación, aceptación consciente y poner en marcha las acciones necesarias para que las necesidades de esx niñx internx sean satisfechas, en la medida de lo posible. Después de acariciar las heridas del alma de nuestro ser infantil, podremos empezar a ESTAR con nuestras criaturas desde un lugar que se llama PRESENCIA, sin el pánico de no saber qué hacer con ellas. Cuando ESTAMOS no hace falta HACER nada. Y si hacemos, ese hacer está lleno de nosotrxs, o sea de amor y libre de miedo.

Me permito a compartir una hipótesis un tanto metafórica que se me ocurre y es que esta situación la han planeado lxs niñxs de nuestro planeta para tener a sus mamás y papás en casa lo máximo de tiempo posible delante de un sistema depredador del tiempo de calidad de la familia. Probablemente no se repetirá una situación de tanto compartir desde lo básico y cotidiano, ni en las mismísimas vacaciones.

Ha llegado la hora de ver esta situación, no sólo como un gran LÍMITE que interrumpe tus planes, o como el enemigo al que hay que combatir (tomando de Pedro Sánchez el concepto de LUCHA CONTRA el CORONAVIRUS), sino como un llamado a revalorar esos planes y esa manera de ponerlos en marcha. Todo un sistema de creencias que subyace a cómo te has movido por la vida y en la crianza.

Si quieres que Dios se ría, cuéntale tus planes” dicen por ahí. Es un momento histórico para la rendición de nuestros pequeños egos y exigencias infantilizadas que viven en cuerpos adultxs. Hay algo más grande que nuestras mentes con la falsa creencia de omnipotencia y dominación sobre todas las formas de expresión de vida (siempre estuvo ahí pero quedaba tapado con nuestra falsa sensación de control) que nos recuerda nuestra VULNERABILIDAD y SENSIBILIDAD, que nos rompe los esquemas y nos da la mano para que nos deslicemos hacia un fuera pistas, diluyendo los automatismos insensibilizados cotidianos y así poder recuperar nuestra BRÚJULA INTERNA, que informa de CÓMO ME SIENTO y QUÉ NECESITO. Con la propia brújula en la mano se puede atender a las criaturas desde lo que eres: AMOR, que es lo contrario de la fragmentación desde la que vives cuando no te escuchas cada día de tu vida. En especial, en estos días todo se maximiza, por crear el efecto de lupa gigante de  las neuras  que ya nos ocurren normalmente pero podemos disimular, invocadas por esta escena de Gran Hermano Familiar y de Retiro Global.

  

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