¿Mamás XXL, Papás XS?

Hablaré de la Persona que despempeña la Función Madre (PFM) y la Persona que desempaña la Función Padre  (PFP), indistintamente del sexo y del género de cada unx. 

La educación y la crianza están en la centrifugadora de la crisis patraircal. La mente ha estado imperando por encima de las emociones y el instinto, con su insensibilidad y sus codazos competitivos. En la primera infancia lo emocional y lo institivo es lo predominante en el desarrollo evolutivo: hemos educado y criado a lxs niñxs en contra de la propia naturaleza durante siglos. Vi un niño de cinco años le decía a una niña de tres que lloraba: “Llorar no sirve para nada, ¡venga piensa!… ¿qué vas a hacer, eh?” con tono despreciativo. Esas palabras estaban adoptadas, no eran suyas, pero salían de su boca “patriarcalizada”. Pienso, luego existo. Soluciono, luego soy.  Pensadorxs i ejecutivxs. ¿Dónde quedó el sentir?

El hombre ha estado ocupando el centro de la familia durante unos siglos, mujeres y niños eran menos que él, obedecían. Ahora lx niñx puede ser lx más poderosa del sistema y lxs pamadres obedecen: niño-centrismo. En las primeras etapas del desarrollo estar al servicio de las necesidades del niñx y satisfacerlas immediatamente es un gesto de cuidado hacia la vida. La autonomía de ese bebé es incipiente y su noción del tiempo es inexistente, con lo cual la espera larga puede ser vivida con ansiedad, gérmen del miedo al abandono que muchxs adultxs guardamos en el sótano de nuestra consciencia. A partir de mayores conquistas del desarrollo, cuando al bebé se le comienza a llamar niñx, muchas de sus necesidades ya no laten al pulso de la supervivencia, la urgencia se relaja. Lx niñx goza de un sustrato cerebral que le permite sostener la espera y recibir límites. Otra cosa es que no le guste. En las etapas de la voluntad lo que pide muchas veces tiene que ver con deseos, que no necesidades. Puede necesitar comer porque tiene hambre (como cuando era bebé y lo pedía llorando) ahora puede nombrar con palabras su necesidad y desear además, que sea “un helado y de chocolate y ahora mismo”. 

Cuando seguimos complaciendo las demandas de lxs niñxs sin valorar, a través de nuestro discernimiento adulto (que viene de la intuición y la información-conocimiento de lo que es unx niñx y qué puede esperar de él/ella), si eso que pide le fortalece o le debilita, estamos haciendo cualquier otra cosa menos cuidarle. Ese modo complaciente, cuando se alarga en el tiempo, y sobretodo, viene de la PFM deberíamos preguntarnos qué nos pasa en nuestro modo maternante y qué nos pasa como sistema familiar. Digo sobretodo porque la tendencia de la PFM es seguir en la fusión emocional, evitar la diferencia, propia de los primeros meses de de vida del bebé, en la que el amor tierno conlleva la escucha y satisfacción de necesiades de la cría a través del contacto fusional y simbiótico: mamá y bebé son la misma cosa. La tendencia de la PFP es la separación para facilitar la individualización del hijx y apoyar su independencia para salir al mundo a través de su fuerza agresiva sana y necesaria para conseguir lo que desea allá fuera.

En terapia observo a menudo un patrón de crianza que pone a la figura maternante en un rol muy activo, es la autoridad en la crianza, se ha leído muchos libros del mercado de la crainza y es asidúa a cursos. Se sobrevalora la FM y con ello lo que conlleva: la fusión y el amparo emocional, cualidades inherentes en nuestra cultura de esa función. Se infravalora al rol paternante y si la persona que materna, además, tiene una actitud de “cortar el bacalao” (control), se vuelve omnipresente en la vida de la hijx. Si el discurso materno, explícito o implícito, pone a la PFP en un lugar secundario porque “no sabe de crainza” no hay amor sobre el cual la hijx se sotenga para volver la cabeza hacia la PFP y decida lanzarse a sus brazos, cuando ya esté listo para salir de la simbiosis emocional primeriza que de da con la PFM.

Alargar la fusión emocional más allá de las necesidades de diferenciación de la hijx, que aparecen a partir del quinto mes de vida y se hacen más evidentes a partir de los 2 años con el desarrollo del córtex frontal y la conquista de la autonomía motora, lo infantiliza y le sustrae la posibilidad del derecho de crecer. Seguir estrechando lazos en la actitud de “quédate en la cueva donde somos la misma entidad emocional”  recorta sus oportunidades de ejercer el derecho de ser quien es. Es violencia invisible. Digo violencia porque hay un abuso de poder. La PFM, por narcicismo, sigue viendo a la hijx como una extensión de sí mismx, entonces por miedo, ejerce ese control. Digo invisible porque se trata de manipular el sentir de la hijx. Se trata de invalidar el proceso natural de crecimiento del/la hijx. Se trata de interferir.

¿Qué ocurre cuando la función madre ocupa demasiado espacio? Mamá sigue haciendo de cueva cuando la necesidad de la hijx ya no es de seguridad sinó de exploración. Mamá sigue complaciendo a la hijx como si sus deseos fueran necesidades. La niñx forja una baja tolerancia en la frustración. La capacidad de poner en juego la propia agresividad como fuerza básica de la diferenciación e impulso necesario para la autonomía, queda relegada a la sombra y la niñx queda desenergetizadx, y puede desarrollar un perfil de personalidad que se adecúa a la víctima pasiva de una situación de bullying porque su fuerza quedó por el camino o de lo contrario, desarrolla un perfil de víctima activa, pues tiene tanta rabia de ser semetidx que va a necesitar someter como modo de compensación de su dolor, incluso ejercer la violencia contra sus progenitores en su actitud tiranizada de poder malentendido.  La vida del hijx puede ser vivida a través de mamá, quien tiene todas las soluciones, respuestas y remedios. Eso lo debilita, lo hace dependiente y le carga el peso de sentir que mi mamá se sienta buena madre en tanto en cuanto a él/ella le vaya bien en la vida. Otra violencia invisible es desautorizar a la PFP. Se le da instrucciones de cómo debería y no debería relacionarse con su hijx. Se le riñe si no lo hace bien. A veces veo personas en esa posición muy estrelladas por cumplir con una expectativa a la que no llegan. La información es imprescindible para el desarrollo, otra cosa es someter a alguien a que tome esa información. Esa relación de sumisión de mamá a papá ofrece un escenario al hijx poco equilibrado. Hblando de responsabilidades y no de culpas, la PFM ocupa mucho espacio y la PFP ocupa muy poco. Por lo visto aún somos más las mujeres quienes estamos en preceso de desarrollo, en comparación a los hombres. Ellos están llegando después al despertar. Pero otra cosa es el ego espiritual que se pone por encima de un otro a quien percibimos menos desarrollado y este otro lo permite, desempoderándose y dándo, aparentemente, todo el poder a quien parece saber más. Esto tiene un efecto devastador en la crianza, pues la mesa de tres patas se queda con dos y media. La aportación de la PFP queda bajo supervisión de la PFM. Es interesante que unx y otrx se ponga las pilas para ocupar su espacio en la familia como corresponde, sin que nadie pise a nadie. El/la hijx lo agradecerá. La pareja dejará de jugar a ese juego de poder.

¿Cómo puede la PFM para dejar espacio? 

A nivel interno primero, poner el “vaciométro” en marcha: ¿cuánto llena mi hijx mi vacío existencial? Míarte y conócete por como eres, hazte expertx de ti mismx para evitar proyectar las propias expectativas y miedos en la hijx. 

Te propongo un experimento. Cierra los ojos, respira y enraizate en el sentir de tu cuerpo. Des de ahí házte estas preguntas, dejando tiempo al alma para que evoque las respuestas y las susurre a tu corazón, no busques en tu mente, suelta y deja venir. Como figura maternante imagínate viendo a tu hijx emanciparse. Escucha sin juicio y con aceptación amororsa qué tipo de vacío se abre en tu cuerpo. ¿Qué te duele? ¿Dónde te duele? ¿De que está hecho ese dolor? ¿Te es familiar ese hueco? ¿Cuando fue la primera vez que lo sentise? Es muy probable que el dolor que se despierta con la separación emocional de tu hijx sea un eco de tu primitiva herida de abandono, con tu propia figura maternante, que todxs tenemos. Cuando hayas localizado la herida, la abrazas y te automaternas. Después de eso es probable que ya no necesites esa energía de sostén que estabas usurpando de tu hijx, pues has llenado tu propio desconsuelo interno con tu conciencia y responsabilidad de hacerte cargo de ti mismx. También puedes buscar ayuda profesional para recorrer ese camino de autorresponsabilidad en la maternidad. 

A nivel externo, segundo, empieza a detectar cuando tu hijx te pide las cosas desde la zona de confort (“pónme, házme, tráeme, cógeme, etc”), o cuando refuerzas esa zona haciendo por él/ella lo que puede hacer por si mismo. Permítele tomar la responsabilidad  saliendo del “modo salvadorx” mientras lo/la acompañas y confías en sus aprendizajes. Deja de hiper-solucionar. Presencia sin acción. Acompañamiento sin resolución.  Confianza en su potencial. Invita la otra personas central de su vida a que lo puedan acompañar: papá. Date cuenta cómo lo valoras como una figura paternante y como pareja. Esa valoración será detreminante para posibilitar o dificultar la individualización de la hijx. 

Cuando llore porque tu límite o el de papá le duela, acepta ese llanto como un puente  a la diferenciación. Si la fusión le dió seguridad y no fue en exceso un espacio de hiper protección, la individualización se da por si sola: lo suyo es estar antentxs a cuando la niñx pide autonomía y ofrecerle ese espacio (“Yo solx”). 

Acepta sus noes, siempre que sean con respeto, y de nuevo, mírate qué te rasca cuando te dice “Tú no” para permitirle, sin cargas propias, expresar esas sanas palabras alto y claro. 

Vuelve la mirada hacia ti. ¿Cómo estan tus necesidades? Pon atención en recuperar tus propios afectos e ilusiones más allá de tu hijx, a quien no corresponde cargar con todas tus expectativas y tu completa mirada y atención.  

Estamos en la era del exceso: de información, de objetos, de opciones. Y también…¿hay una exceso de función madre? 

El exceso es muy difícil de gestionar, sobretodo si el sistema nervioso no es lo suficiente maduro como para poner límites a la entrada de esa cantidad exagerada de contenido, lo que puede desembocar en trastornos (TDAH) y síntomas que tengan que ver con la sobre estimulación (dificultades de sueño, hiper-reactividad) y el estrés emocional (miedos, dificultad ante los cambios, baja tolerancia a la frustración). 

Una infancia ahogada, invadida, manipulada, imposibilitada y usurpada por exceso de simbiosis maternante en detrimento del desarrollo individual propio, puede promover la fromación de una personalidad adulta con la necesidad voraz e insaciable de espacio propio, o hiper-egocéntrica, o ansiosa, et… Eso puede llevar a la dificultad por entablar relaciones íntimas en la adultez. Es común haber crecido bajo el techo de una crianza enredada, carente de fronteras personales entre lxs familiares, y pasarse la vida dando tumbos en el conflicto de desear tanto como temer el contacto con los demás, porque representan una amenaza a la propia sensación de existir y ser. 

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