Agresividad y cultura


*Foto: Las dos co-terapeutas de mi despacho de terapia. El saco y la pera de mesa.

La energía agresiva me permite salir al mundo y obtener lo que necesito. O sea, afirmar lo que soy. Primero contacto tierno: qué dicen mis necesidades. Segundo respuesta agresiva: la puesta en juego en el mundo para satisfacerlas, voy fuera y me proveo de lo que necesito dentro. Ojo que no hablo de dañar a otrx, eso es violencia. Hablo del subimpulso agresivo como la expresión natural de mi fuerza interna al servicio de la vida. La agresiviad como fuerza para reconocer  lo que no e ir a buscar lo que sí. Tengo sed. Sí al agua. Ya no tengo sed. Tengo una relación tóxica  la otra persona. Sí a lo sano en mis relaciones. No a lo que no me nutre.

Ser unx mismx en un mundo que no aprueba la diferencia es un acto agresivo en sí mismo: se sostiene en la propia fuerza (y no digo esfuerzo ni lucha) de estar enraizadx en mi poder personal.

La agresividad se puede expresar de manera sana cuando en la forma de expresarla me respeto y respeto a quien tengo adelante.Me permite quererme y querer a la otra persona a la vez.

Se puede canalizar a través de las siguientes maneras: en forma de expresión de mi opinión, en forma de límite cuando algo del entorno no nos va bien, en forma de tomar algo que necesito o pedirlo, etc.

Cuando expreso esta energía emocional desde un lugar immaduro las acciones citadas previamente -opinar, poner límites, tomar o pedir- pueden ser llevados a cabo desde:

– la exigencia (debajo pulsa la falta de autoconfianza)
– desde la falta de fuerza (debajo pulsa la sensación de no merecer)
– desde la impulsividad agresiva (debajo pulsa un dolor no sanado)
– desde la agresión pasiva (debajo pulsa la culpa)
– desde la desconexión (debajo pulsa el miedo a sentir)
– desde la explosión (debajo pulsa el haber aguntado/reprimido)
– desde la prepotencia (miedo a sentirse inferior)
– desde el autoritarismo/abuso de poder (miedo a no ser respetadx/escuchadx)
– desde la amenaza (miedo a perder el control autoritario)

Por influencia de una cultura patriarcal nuestra energía agresiva se ha puesto en una jaula bajo llave. En las mujeres más que en los hombres. Está más bien visto que una mujer llore que que pegue unos buenos puños.

Sacar a pasear al animal interno, o sea el instinto, es una manera de reparar el estado de auto-encarcelamiento que vivo dentro de mi. Recuperar las respuestas físicas primarias (como golpear, gritar, patalear, estrujar) en un contexto seguro alivia la tensión que genera vivir con un animal amordazado y la subsiguiente tensión corporal. La culpa es una gran aliada de esta mordaza. “Lxs buenxs niños no se enfadan” y ahí lo tienes: si me enfadaba ponía en juego la aprovación de quien tanto dependía en la infancia para sobrevivir. Así generé un discurso interno que censuró la rabia gracias a sentirme culpable si la saco.

La única forma de que una flor estire sus pétalos es abriéndose. La única forma de que extienda mis alas es expresándome, con todo, no sólo con lo que es socialmente aceptado.

Pero necesito reaprender como canalizar mi rabia después de que salga por la puerta de atrás cuando menos lo espero. Construir nuevas formas expresivas para drenarla. Es una emoción y precisa eso “e-movere”, o sea, moverse de dentro hacia afuera, significado de emoción en latín.
Análogamente es como si perdiéramos el permiso de defecar o miccionar. Estas sustancias que el organismo necesita eliminar quedarían retenidas dentro. Con la energía agresiva pasa lo mismo, lo que pasa que no se ve con los ojos.

Hay ciertas partes del cuerpo que se energetizan cuando siento rabia. Las escápulas, los brazos, los puños, los ojos, la pelvis y el pecho suben su temperatura, etc. Esta respuesta física y fisiológica prepara al sistema para la reacción primitiva de “fire or flight” (lucha o huida). Si tengo las tuberías de mi expresión agresiva obstruídas, a raíz de una educación que quiso domesticar al instinto interno, el cuerpo no puede fluir en su necesidad autoregulada, lo que es un factor de riesgo para trastornos cardiovasculares y mentales.

Poder recuperar la libre expresión de la energía agresiva, mediante un periodo de re-educación, me ayuda a re-aprender cómo manejarla, evitando que me maneje a mí y me salga por sorpresa en forma de pronto o de explosión tomando la forma que menos deseo. También, si la reprimo a niveles altos puedo desarrollar una enfermedad, que en lo profundo, me indica de que algo no he dejado salir y se manifiesta con esa forma, como una manera del organismo para auto regularse y sobrevivir.

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