¿Qué le pasa a mi niño y cómo puedo acompañarlx?

La infancia es “la edad sagrada”, como dice Evania Reichert, en su famoso libro. Mientras la atravesamos tejemos lo hilos de los trajes que llevaremos después, para toda la vida. Siempre podremos cambiar un botón por una cremallera, o el color de sus telas, así como las medidas o sus tejidos a lo largo de la vida adulta pero el patrón base, el carácter o personalidad, viene escrito en esta fase temprana y es nuestro punto de partida, pues las experiencias que tengamos y los recursos de los que dispongamos para hacerles frente determinarán en grandísima medida como viviremos después. De la gestación a los 7 años el cerebro está en su momento de más álgida plasticidad, es por eso que en la infancia se escribe el guión para el resto de la vida.

Cuando somos pequeñxs no tenemos la capacidad de discernir ni de filtrar, así que la información que nos llega del exterior y nuestras sensaciones internas “van a misa”: son “la verdad” en la cual se asienta nuestro sistema de creencias. ¿Qué pasa con un input externo repetido? Si a unx niñx se le dice (con palabras y/o hechos) que es un torpe en mates cuando tenga que administrarse las cuentas de mayor, sudará la gota gorda. ¿Y qué ocurre con una señal interna reiterada? Si unx niñx no es atendido como necesita (según las necesidades críticas de cada fase evolutiva del desarrollo) y vive muy a menudo en contacto con la sensación de tensión/carencia -y no de satisfacción y relajación- creará un autoconcepto basado en no merecer y le costará tener éxito en la vida.

¿Cómo podemos acompañar a las nuevas generaciones a crecer con salud mental?

Para mi existe un doble abordaje que guía mi trabajo acompañando a familias en la hazaña de educar a sus descendientes según el paradigma de una crianza más consciente.

Primero, poner la mirada hacia adentro: autoconocerse en las propias reacciones automáticas. Detrás de esos automatismos -como pegar un grito si el niñ@ no nos hace caso, desesperarse porque no deja de llorar, decirse que somos malxs mapadres si no recibe un limite a la primera- existe un espacio de silencio y de contacto con unx mismx esencial. Es un nivel pre-verbal (emocional, instintivo y corporal) desde el que brota la gentileza del amor, que es básicamente lo que unx niñx es. Ese es su lenguaje y para acercarnos a ellx es necesario recuperarlo pues está dormido dentro de nosotrxs y lo podemos despertar gracias a limpiar esas capas que lo tapan, desde donde somos seres automáticos, y volver a lo espontáneo y autentico, que hay debajo. Conocerse a unx mismx e ir soltando las rigideces es un proceso de crecimiento interno.

Segundo, poner la mirada hacia afuera: qué y cómo hacemos con los niños para acompañarlos en su crecimiento según sus necesidades básicas. La intución es la primera gran aliada para acompañar a lxs niñxs, el sentido común y el aprendizaje acumulado en la vida, y todo eso está plagado de buenas intenciones. Cabe decir que a veces las mejores intenciones no generan los mejores resultados. Y es aquí cuando la información nos ayuda. Saber que pasa en cada momento evolutivo nos da la pista para saber cómo reaccionar, lo que es la base de una futura buena autoestima. Si mi mamá no sabe en qué momento desarrollo mi capacidad de ser empáticx cuando muerda a unx niñx me dirá “¿te gustaría que te hiciran a ti?” y yo no la comprendré, pero sí recibiré su tono de enfado y me culpabilizaré por un impulso que aún no sé cómo controlar, además de aprender a que debo reprimir mi rábia, la que de mayor me protegerá de un abuso sexual, por ejemplo. Si mi papá no sabe que hasta que mis funciones madurativas no estén listas yo no puedo controlar mis esfínteres y me saca el pañal porque en el cole no lo puedo llevar, entonces desarrollaré una gran tensión en mi zona pélvica, a parte de vergüenza y culpa por no estar a la altura si se me escapa el pipi o la caca, porque estaré entendiendo que debo hacer algo que no sé hacer, con lo cuál estoy fallando tal y como soy. De mayor me costará tomar decisiones y me voy a querer bien poquito. Si mamá, cada vez que me hago daño y lloro, me dice que no pasa nada, estaré invitada a desconectarme de mis emociones para hacerle caso en que no pasa nada, y cuando sea mayor viviré insensibilizada o no podré llorar más, lo que es el mayor desestresante natural de mi cuerpo, el llanto, al prevenir enfermedades cariovasculares. Si mi papá no sabe que necesito decir que no para todo y enfadarme mucho por todo lo que no me gusta, pues se piensa que le voy a “subir a la chepa”, y me trata de forma autoritaria, acabaré creyendo que no puedo expresar lo que me pasa y me avergonzaré de lo que siento, cuando sea mayor tendré dificultades en las relaciones cuando haya un desacuerdo. Si mi mamá no puede escuchar lo que opino sobre algún tema y por inercia impone su discurso por encima del mío voy a creer que lo que digo no tiene valor y es posible que me calle mucho más de lo que hable cuando se mayor, etc etc etc. Todos estos ejemplo son, entre muchos tantos, formas de no respceto profundo por las necesidades verdaderas del desarrollo, que cuando son cubiertas, promueven el crecimiento sano.

¡La información es poder, en este caso el poder promueva la salud mental infantil y la salud mental infantil cambia el mundo!

MÁS INFO EN: https://laraterradas.com/talleres/

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